Le Coq el rustidor diferente de Vilanova i la Geltrú

‘Un espacio acogedor y con ambiente casero’, es lo que los propietarios de Le Coq, el nuevo local de comida para llevar de Vilanova i la Geltrú pidieron a la interiorista Verónica Cruz, redactora e interiorista del equipo de VoyeurDesign. La idea de la típica tienda de ultramarinos de pueblo, con multitud de artículos llenando las estanterías, y con una cocina sencilla y casera, era el objetivo para empezar con este nuevo negocio.
Situada en una de las calles más transitadas de la capital del Garraf, comarca de la provincia de Barcelona, Le Coq se ha convertido en un nuevo punto de parada de camino a la playa. Su fachada ya es diferente al resto de locales de la zona, y por ello llama la atención e invita a entrar.

Uno de los retos del proyecto es dar con la distribución ideal, ya que se trata de un local largo y estrecho, con un estrangulamiento en la zona central debido al patio de luces de la casa. Se decide dejar al fondo la zona de comedor y cocina, y de este modo crear una barra que empieza desde la entrada hasta la mitad del local. Dicha barra se abre en la fachada, de manera que la comida puede también entregarse desde allí. La máquina de asados, especialidad de la casa, se coloca en esta zona de la barra que da a la fachada, para darle protagonismo al producto y llamar la atención del público.

Los materiales son básicos para cualquier interiorismo, y en este caso se buscan materiales naturales y con colores neutros y conseguir así un ambiente acogedor. Le Coq quiere distinguirse del resto de locales de pollos a l’ast, ofreciendo un local agradable al público en lugar del típico sitio descuidado a lo que al diseño se refiere. Se usa madera de pino, concretamente de palé, para la barra y fachada, y se combina un pavimento de mosaico hidráulico y madera en el fondo del local. Las estanterías para el producto son de hierro y madera y la zona de comer consta de mobiliario variado como sillas tipo Tolix azules, sillas de colegio y varias formas de mesa, todo de Francisco Segarra.

En el fondo del local, para dar más claridad a la zona, se decide hacer un falso ventanal con espejos, con las molduras pintadas en negro, escondiendo de esa manera la puerta al almacén. Las otras puertas del local son también especialmente escogidas, se tratan de dos puertas correderas de madera con forma de puerta de establo.
El local consta de elementos muy particulares y personales, como todas los grafismos de las paredes, firmados por la ilustradora Marina Milá Figueras y hechos in situ; o las lámparas que decoran la zona de la barra, que son papeleras de los años 50 compradas en anticuario.

Con todos estos elementos, y gracias a todo el producto expuesto, nos encontramos con una pequeña tienda de comida para llevar, con la posibilidad de menú diario de lo más acogedor y que nos eboca otra época.

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